My Soul to Take (Almas condenadas)

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Los dos últimos años se presentaban de modo extraño tras el fiasco que supuso Cursed (La maldición), y es que retomar el filón de su segunda más celebre y semi-agotada saga (Scream) y volver por los fueros de lo que parecía ser un intento por resucitar aquella otra vertiente (iniciada con Pesadilla en Elm Street) que tan buenos resultados le dio allá por los 80, reciclando algunas ideas que allí se desarrollaban (jóvenes siendo mutilados por un ente paranormal, intrilingüis por saber en que orden irán cayendo las víctimas, etc) y componiendo uno de esos slashers que tanto se estilaban hace un par de décadas, y que ahora se reconstruyen mediante remakes de cintas míticas, todo ello condensado en su penúltimo trabajo (Scream 4 es un año posterior), My Soul to Taken AKA Almas condenadas.

La pena de todo ello, es que allí donde parecía agotado el filón, Craven resurge con el pulso del maestro que fue allá por los noventa, y donde parecía estilarse lo que podía ser su resurgimiento en una clave lejana a esa parodia con la que lleva más de una década deleitando a sus fans, cae estrepitosamente en los tópicos de los que el propio director se reía, y en secuencias realmente blandas que no hacen más que remarcar esa línea tras la que, mientras Sidney y sus compañeros eran autoconscientes de ante qué se encontraban, los muy olvidables personajes de esta Almas condenadas ni siquiera parecen saber dar con la tecla adecuada.

Hablando de esos (olvidables) personajes, cabe destacar además, que el cineasta de Cleveland los administra del peor modo posible: los más interesantes, que más juego ofrecen y mejor se recrean en sus propios roles otorgando, incluso, algún buen momento cómico, son los primeros en desaparecer y, para colmo de males, del modo más insignificante posible. Ni siquiera sus muertes dan un poco de cancha al espectador más acérrimo a la sanguinolencia y las escenas más fastuosas en ese sentido.

A toda esa falta de creatividad, ya no únicamente en esa faceta, se plantea también el mismo escollo en la construcción de situaciones que nos hagan sospechar, junto a los protagonistas, entorno a quién gira todo el misterio (ya que todas las pistas apuntan hacía la misma dirección, y el giro final sólo lo es a medias, por el mero hecho de las evidencias que han ido plantando a lo largo y ancho del metraje), y por desgracia, incluso en la búsqueda de instantes para que el asesino actúe (recurre a lugares comunes en todo momento, los genera mediante reacciones absurdas…), siendo casi todo ellos tan endebles como carentes de interés.

En resumidas cuentas: un Craven que ya no resulta ni menor, cuya imaginación queda en entredicho y que, como ya comenté unos párrafos más arriba, cae en una conclusión que bien podría ser fruto de otro punto final digno de Scream, pero ridículo para una cinta cuyas pretensiones están muy lejos de aquellas, y cuyo resultado, todavía más. Una lástima.

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