Hellfest 2014: Día 2

hellfestYa sin introducciones de por medio, comenzábamos el segundo día teniendo muy claro sobre donde pisábamos, sabedores de la disposición de cada escenario y del carácter maratoniano que era necesario para visualizar todo lo que nos habíamos planteado a priori. Las apuestas sin embargo, volverían a ser necesarias para llevar a buen puerto la segunda tanda, entre tantísimas opciones como disponíamos, el hecho de elegir con solvencia acabaría sustentándose sobre mil y un consideraciones de diversa índole, tratando de dejar al azar la menor parte posible.

De esta manera escogeríamos a Skid Row para dar comienzo a nuestro sábado festivalero, un poco más tarde que el día anterior con la esperanza de guardar alguna fuerza ante todo lo que nos restaba. Los americanos nos recibirían con un cartel en el que aparecían tres “beltzas” (antidisturbios) en posición amenazante, que de primeras darían como para un par de chascarrillos hilarantes entre los colegas. Las gracietas se detendrían tan pronto como los de New Jersey tomaran el escenario, al mismo tiempo que “Let´s Go” marcaba el supuesto inicio del recital.

El arranque oficial comenzaría al tiempo que lucían los cortes de los dos primeros trabajos, los únicos por los que la gente mostraba algún interés. “Big Guns”, “Piece of Me” o “Monkey Business” nos retrotraerían un par de décadas atrás, en medio de Francia y sin Sebastian Bach encabezando la tropa, pero con las mismas canciones que partían la pana a principios de los noventa. Por desgracia los que las defendían en esta ocasión, parecían más una banda tributo que los originales de pleno derecho. Con esa triste impresión nos quedaríamos mientras nos dirigíamos hacía nuestro siguiente objetivo.

BuckcherryEn el Valley nos estaban esperando los americanos Subrosa, quienes oficiarían como alternativa eficaz frente al Rock and Roll testicular de Buckcherry. Los de Utah comenzarían flojos en cualquier caso, tímidos para lo que allí se cocía aunque no tardarían más que unos pocos minutos en comenzar a venirse arriba como sus canciones repletas de sombras. Pocas serían las que dispondrían, todas ellas apuntando hacía el último opus del quinteto, siendo “The Usher” la escogida para cerrar entre clamorosas ovaciones. No sería el lugar apropiado para verlos, pero salvarían con nota elevada el corte asignado.

Mucho más apropiados se nos antojaban a priori los Skyclad de Steve Ramsey y Kevin Ridley, un conjunto al que hacía dieciséis años que no veíamos en directo y que muchas veces habiamos echado en falta en este tipo de eventos. Por desgracia las comparaciones, después de tanto tiempo, tirarían por tierra gran parte de las ilusiones montadas. De manera similar a como habría ocurrido con Skid Row, la ausencia del frontman original terminaría por restar demasiados puntos al espectáculo. Martin Walkyier aportaba un plus de autenticidad pagana, que hoy en día se echa muchísimo en falta y que no termina de paliarse a pesar de lo bien escogido que andaba el repertorio. Funcionarían decididos en cualquier caso dentro del Temple, con la visita del guitarra original Dave Pugh durante gran parte del show y un “Spinning Jenny” ante el que fue imposible no ponerse a brincar.

Cambio radical nos aguardaba en el escenario principal a continuación, con los Extreme presentando su gira conmemorativa del Pornograffitti. En el Hellfest de todos modos no podría llegar a definirse como tal, ya que la mitad de la actuación estaría repleta de cortes ajenos a su obra cumbre. Puede que fuese este el motivo por el que resultase una comparecencia irregular en cuanto a los tiempos, adrenalítica en su primera parte y en franca decadencia una vez había traspasado el ecuador. “More Than Words” resultaría sosa a pesar de lo archiconocida que se presentaba y “Get The Funk Out” salvaría un poco los muebles, merced a lo bailoteable de su melodía. No sería suficiente como para evitásemos correr hacía nuestro siguiente objetivo.

Lo íbamos a encontrar no muy lejos, concretamente en el escenario principal anexo donde tocaba el turno de los locales Dagoba. Los de Marsella volvían a Clisson con el claro objetivo de ser profetas en su tierra una vez más, sin el glamour que se han granjeado sus paisanos Gojira, pero demostrando que son una referencia ineludible dentro del Metal francés.

Presentarían con gran acierto su reciente Post Mortem y dedicarían suficientes minutos a recordar todos sus trabajos anteriores. Shawter se mostraría tan firme como de costumbre, tomando perfectamente la batuta y dejando que los focos recayesen sobre su espalda. Dejarían para el recuerdo uno de los momentos memorables del Hellfest 2014, provocando durante “It´s All About Time” un wall of death de cien metros mal contados. Estuvimos tentados a meternos en harina, aunque finalmente escogimos vivirlo en plan carroza, viendo como la chavalada se hostiaba a pocos metros de nosotros.

Sin detenernos ni un segundo para analizar mínimamente lo que acabábamos de presenciar, emprendíamos camino hacía el Warzone en el que Protest The Hero iban a comenzar a darle al virtuosismo indiscriminado. La híper técnica que desplegaban los yankees nos maravillaba por momentos, aunque no terminaba por convencernos en su conjunto, por lo que finalmente decidimos abandonarlos bastante antes de que hubiesen concluido con su faena. Dejarían sus mejores cortes para el final, por lo que nos pudieron asegurar un momento más tarde.

Siguiendo la línea del progresivo, pero enriqueciéndola con toda la potencia que nos era posible, terminábamos debajo del bolo que se estaban pegando los Gorguts en el Altar. Los canadienses sonaban gordísimos dentro de una carpa en la que no había estrecheces y se respiraba Death Metal por todas las esquinas. Cómodamente incluso, pudimos presenciar a los de Luc Lemay, apoyados sobre nuestros pies doloridos, absortos por la capacidad de la banda por estirar el concepto de Death Metal hasta donde algunos ni tan siquiera se atreven a asomarse. Servirían de perfecto preámbulo para una de las actuaciones estelares de la jornada.

clutchLo de Clutch vendría a continuación, en un Valley que se iba a quedar pequeño se mirase por donde se mirase. Los de Maryland reventarían la carpa con honores de banda puntera, demostrando que ahora mismo son una de las formaciones con más tirón dentro de su estilo. Comenzarían con un breve retraso también, haciendo juego con los galones que se les presuponían, con “Mob Goes Wild” poniendo el tema a rodar y “Earth Rocker” dinamitando el concierto con autoridad. Atacarían unos cuantos de su último redondo y tendrían tiempo para recordar alguno de sus himnos como el “Regulator” o el “Electric Worry”. Se bajarían entre aplausos mientras acababan con el “One Eye Dollar” y tuvieron que volver en plan estelar para zanjar con “The Wolf Man Kindl Requests”. Incontestables anduvieron los de Neil Fallon.

Tras un brevísimo paréntesis para cenar algo que nos permitiese continuar en pie, acabamos una vez más en el Temple, con la excusa de volver a ver a Eluveitie en esta ocasión. Los suizos dispondrían de una posición ciertamente notable, teniendo en cuenta el plantel con el que se codeaban. Vendrían presentando Helvetios por los pelos e incluso dejarían caer un nuevo corte de su inminente trabajo. Sobra decir que se lo llevaron de calle desde antes incuso de subirse a las tablas, con temas idóneos para el festivaleo como “Inis Mona”, “Thousanfold” o “Luxtos” y una de las audiencias más decididamente conformistas que pudimos contemplar durante el festi de este año. Poco importó el hecho de que el volumen fuese ridículamente bajo y el que los temas se distinguiesen a fuerza de poner mucho la oreja, la peña disfrutaría de lo lindo con las gaélicas cantinelas que allí se repartían.

Afortunadamente nuestra siguiente parada y fonda, enmendaría cualquier posible percance que hubiésemos tenido que cruzar para llegar hasta ella. Los mismísimos Aerosmith iban a encargarse de hacernos olvidar por un momento nuestra propia realidad, merced a uno de los shows más antológicos que este humilde reportero recuerda. Con un repertorio fundamentado sobre la década de los setenta, sin olvidar en ningún momento los clásicos populares necesarios y con un concepto del espectáculo absolutamente abrasivo, los de Boston cuajarían la actuación más redonda que se pudo contemplar sobre Clisson.

Comenzando con “Back in the Saddle”, de la misma forma en la que lo hacían cuando Steve Tyler y Joe Perry eran conocidos como los Toxic Twins, el conjunto desplegaba un show plagado de cámaras que les perseguían por el escenario y mostraban el evento como si de una película en directo se tratase. Atacaban “Eat the Rich” saldando deudas con el brillante Get a Grip y pasaban un instante después a dejar que Brad Withford se arrancase con su legendario “Last Child”. Tocaban temas olvidados como “No More No More”, invocaban himnos fugaces como “Rats in The Cellar” y subrayaban sus momentos épicos cuando tocaba hacerlo.

Resumir la actuación de dos horas y diecinueve canciones en unas pocas líneas, se antoja tremendamente complicado, así que tendréis que quedaros con unos pocos momentos para haceros una idea de lo acaecido en Clisson. El “I Dont Wanna Miss A Thing” con Steve Tyler casi en solitario, metiéndose en el papel al tiempo que recitaba el corte, El “Come Together” de los Beatles entonado por todo el público de manera triunfal, la celebración del cumpleaños de Joey Kramer entre medias y el confeti que acabo regando el piano con el que se interpretó “Dream On”, por citar los más evidentes y memorables pedazos del pastel.

Pasando página y centrándonos en el final de la jornada, terminaríamos con los Avenged Sevenfold en el otro escenario principal, con fuegos artificiales, efectos vistosos, pasarelas y todo el sabor del postureo metálico norteamericano de la década pasada. Defenderían sus cortes dignamente en cualquier caso, esgrimiendo alguno de sus temas más conocidos y sonando sorprendentemente potentes para los que aún no les habíamos catado. Caerían “Bat Country”, “Hail to the King” “Buried Alive” y “Nightmare” entre otras, todas bien hilvanadas y con el recuerdo por el medio a su anterior batera, tristemente fallecido hace unos años.

carcass

Terminaríamos la jornada viendo lo que restaba de Carcass bajo una de las carpas, alcanzando el momento justo en el que restaban por interpretar dos de sus temas más emblemáticos. De esta manera nos metimos entre pecho y espalda el “Corporal Jigsore Quandary” y un “Heartwork” que supieron a autentica gloria después de todo lo que habíamos presenciado. Sonaron gruesos y afilados, con la magia que siguen poseyendo esos pedazos de historia de los noventa, suficiente magia como para dejarnos ir hacia la tienda con una sonrisa de lado a lado y los pies destrozados por el esfuerzo.

Texto: Unai Endemaño
Fotos: Jaime García (https://www.facebook.com/PhotoLiveJaime)

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