Hellfest 2014: Día 1

HellfestLo de ponerse a resumir un festival tan inabarcable como el recién superado Hellfest, asusta de primeras, al de un rato exaspera y finalmente, termina por provocar la resignación lógica sobre quien había pretendido ser concienzudo. Aclarado esto no estaría de más comenzar con la definición académica del evento. Hellfest 2014: Dícese del recinto circense, con un número exagerado de bandas punteras, a lo largo de tres días sin tregua que trascurren en medio de un pueblecito del norte de Francia llamado Clisson.

Dejando introducciones y licencias a un lado, tenemos que afirmar que el de este año ha sido sin lugar a dudas uno de los festivales metálicos más importantes que se han montado desde que el hombre es hombre. Por el nivel medio de las bandas participantes, por la enormidad de los cabezas de cartel escogidos y por el fastuoso despliegue de medios con que se ha preparado la zona de conciertos. Desde barras de bar que se iluminaban cada noche con pebeteros ardiendo, hasta una enorme noria que no paraba de girar en todo momento.

Centrándonos en lo meramente musical del evento, dejando a un lado la impactante escenografía que nos recibía, llegábamos el viernes hasta debajo del escenario en el que acababan de comenzar Angelus Apatrida. Allí andaban inaugurando la edición los de Albacete, metiéndole calor ante los que habían conseguido sortear la caótica apertura de puertas que preparó la organización.

Sonaban amenazantes y afilados, de manera similar a como les habíamos visto tantas y tantas veces antes. Apuntalando uno de los escenarios principales del Hellfest en esta ocasión, gracias a su Thrash Metal sin fisuras y a su puesta en escena de veteranos curtidos. Presentaban a Ekaitz Garmendia sustituyendo a Davish por lesión y sin poner en riesgo el resultado final, exhibían su muestrario con brevedad y contundencia. “Give Em War”, “You Are Next” y “Blast Off” pudieron ser disfrutadas antes de que “Legally Brainwashed” nos señalase hacía el próximo destino.

Estaban destinados a ser Nightmare con quienes continuásemos la toma de contacto, pero tras comprobar lo rancios que sonaban desde uno de los escenarios principales, decidimos acabar presenciando los fangos que Conan servían desde el Valley. Este escenario sería la carpa en la que se iban a aglutinar la mayoría de posturas tendentes al Stoner, Doom o similares. Allí se tirarían los de Liverpool una media hora desplegando agonías de buena mañana, sin plantearse siquiera lo de despojarse de sus capuchas a pesar del calor que imperaba en la polvorienta dependencia. Difíciles de mascar de buenas a primeras, aunque no por ello fuesen a apearse de su rotundidad monolítica en el proceso.

kronosPasaríamos entonces por la doble carpa conocida como Temple y Altar, en la que se encontraban dos escenarios colocados uno contra el otro y que iría proyectando a lo largo de todo el festi las posturas más extremas y salvajes que iban a sonar en Clisson este año. Allí nos presentarían a Kronos, que andaban repartiendo leña como si no hubiese un mañana, sin duda demasiada para las horas que eran, por lo que decidimos regresar hasta el Valley para terminar de despertarnos sin tanto bombo y platillo.

Escogeríamos en cambio, las gradaciones interminables que disponían Caspian, las mismas que habíamos presenciado una semana antes en Bilbao, pero resumidas para que entrasen en frasco pequeño. “Halls of the Summer” volvería a ser uno de los momentos para recordar, aunque sería “Sycamore” la que terminase por dejar a la audiencia aullando una vez les llego el momento de decir adiós.

Cambiaríamos en ese punto el Post Rock niquelado, por el heavy británico vintage. Para este propósito, serían Satan quienes se nos ofrecerían, con un par de miembros de Skyclad en sus filas y el legendario Brian Ross a la cabeza. Nos resultarían sumamente desfasados de todos modos, sonando desdibujados y sin pegada como para cautivarnos por más de un rato. El estado de forma en el que se encontraba el voceras de Blitzkrieg, distaba mucho de lo que esperábamos tras su colosal Life Sentence del año pasado.

Similar resultado aunque por motivos diametralmente opuestos, acabaríamos constatando tras el paso de Powerman 5000 por el Hellfest francés. El conjunto del hermano pequeño de Rob Zombie, se mostraba como la gigantesca caricatura que siempre ha sido, sin aguantar en ningún instante las comparaciones de rigor. Movía a unos cuantos con ganas de bailoteo, pero nos obligaba a describirlos como un enorme amago innecesario.

Mucho más contenido tendrían Royal Thunder en el Valley, sonando clásicos y con su cantante impartiendo lecciones a la voz. Rescatarían un puñado de cortes de sus dos últimos esfuerzos, al tiempo que levantaban polvo bajo la carpa. De ahí cambiaríamos de tercio una vez más, regresando hasta uno de los escenarios principales en los que andaban reverdeciendo viejas glorias Therapy? Los británicos se plantaban frente a un público que comenzaba a ser exagerado y lanzaban una brillante colección de recuerdos de la década de los noventa. El Troublegum obviamente fue el trabajo más socorrido, siendo del que se entresacaron los cortes para abrir y cerrar la lata, apuntándosele a “Nowhere” el honor de decir hasta luego.

A continuación el paso nos dejaría frente a los Trivium de Matt Heaffy, que serían los primeros en contar con un escenario ligeramente amoldado y ciertos galones de estrella. Presentarían su último Vengeance Falls sobre Clisson, merced a temazos como “Brave This Storm” o “Strife”, aunque acabaría siendo su celebérrimo In Waves el que acumulase una mayor cuota de pantalla. Se mostrarían firmes aunque de ninguna manera estelares, como si hasta allí hubiesen llegado con la intención de cumplir sin matarse. Me impactaron más el pasado Resu y terminaron de la misma manera, esgrimiendo su demoledor himno “In Waves” antes de bajarse del escenario.

El encanto Hollywoodiense nos haría una breve visita en ese punto, con Rob Zombie como embajador de lujo. Presentaría un escenario similar al de la última vez que nos lo topamos, con tres plataformas sobre las que saltar y unos cuantos telones estampados con monstruos clásicos de la Universal. Su repertorio también volvería a estar saturado por cortes de su Hellbilly primigenio, comenzando con “Dragula”, continuando con “Superbeast” y rematando con “Living Dead Girl”.

A la voz andaría tan corto como acostumbra, supliendo sus carencias con bailoteo y carisma incuestionable, poco importaba que fuese durante su reciente tema radiofónico o mientras recordaba el “More Human Than Human” del Zombie blanco. La banda que le acompañaba funcionaría de manera excelsa en cualquier caso, con una base rítmica a prueba de balas y el señor John 5 dirigiendo los tiempos sin despeinarse. El rubio oxigenado guitarrista demostraría una vez más que sus facultades dan para mucho más, que para las verbenas que prepara el señor Zombie.

Ayudando a coger aire al prota, se incluiría un solo de batería, multitud de apoyos sobre el público para terminar los fraseos, una versión del “Am I Evil?” de Diamond Head y un final en el que se insertaron trozos del “Enter Sandman”, de “School´s Out” y hasta un solitario de John 5 en plan estelar. Una enorme fiesta en definitiva, en la que las aptitudes y el buen hacer del Zombie eran lo que menos importaba.

kylesaCambiando de tercio diametralmente, nos acercaríamos hasta la carpa en la que Kylesa iban a comenzar dispensando Sludge Psicodelico a todo el que ponía la oreja. Utilizaban el theremin de primeras, imprimiendo un tono irreal al momento, arrancaban entonces con uno de los recuerdos a la sombra espiral del 2010. “Long Gone” presentaba en sociedad su nuevo Opus aportando densidad y constatando la facilidad con que cuenta el conjunto para crear atmosferas polvorientas.

Su actuación incidiría sobre las partes más envolventes del arsenal, dejando para contados instantes los ramalazos de furia redneck que abundaban en sus primeros trabajos. Las proyecciones y los tiempos heredados de Pink Floyd, serían los que acabarían inundando los minutos de los de Savannah, exquisitamente trenzados aunque demasiado breves por desgracia. Nos quedamos con las ganas de acompañarles en su furgoneta, para volver a verles en Vitoria al día siguiente.

Habiendo alcanzado el punto de avituallamiento de la maratón que nos estábamos propinando, poco nos importó que fuesen los Maiden quienes se cruzaban en nuestro camino. Les acabábamos de ver en Barakaldo hacía menos de un mes y sabíamos de sobra que no iban a cambiar una coma de su repertorio. Apreciamos desde la distancia sin embargo, un par de cortes de los de Steve Harris, “Run to The Hills” con el Eddie que andaba y el Seventh Son con el que miraba detrás de la bola de cristal. Exactamente igual que lo que pudimos presenciar en el Blbao Exhibition Center.

Fuimos buscando lo que tenían que contar los Godflesh entonces, deseosos de toparnos con una de las mayores leyendas del industrial europeo, pero solo encontramos un señor que nos indicaba que se habían suspendido. Tristes por la noticia, pero con opciones de sobra como para no quedarnos en ascuas, terminamos debajo del templo hecho carpa en el que estaban oficiando Watain. Las malas artes de los suecos resultaban centelleantes cuando la noche acababa de caer, y una vez hubimos aceptado la infernal carambola que nos había llevado hasta allí, pudimos comenzar a cuadrar el digno final que la jornada se merecía.

Con tridentes ígneos y escenografía tremendista andaban los de Estocolmo, sonando ligeramente bajos a causa de la carpa en la que habían caído, pero suficientemente poderosos como para forzarnos al headbanging intempestivo. Junto a nosotros se encontraban las tres féminas de SubRosa que actuarían al día siguiente, atentas frente al vendaval de Black Metal intelectualoide que nos arrojaba el escenario.

Dejaríamos colgados a los Death To All para asistir al último advenimiento de los patrones del Thrash, Slayer. Los de Tom Araya tomaban el escenario principal envueltos en el rojo sanguinolento, con la conocida introducción del infierno acechando y un enorme telón con su nombre cubriéndoles la retaguardia. Su repertorio sería de los que no dejan títere con cabeza, recopilando casi todos sus himnos fundamentales en estudiada progresión aritmética.

Introducirían alguno de sus últimos apuntes, por los huecos que iba dejando la batería de clásicos esperada. “Hate Worldwide” e “Implode” serían de esta manera los escogidos, enclavados en medio de un suntuoso océano de Thrash-Death ochentero. El Hellfest estero ardería de esta manera al son de “Dead Skin Mask”, “Seasons in the Abyss”, “War Ensemble” o “Raining Blood”, con Gary Holt perfecto sustituyendo a Hanneman y Bostaph derrochando técnica entre sus tambores. Acabarían una vez más con la enorme etiqueta de Heineken dedicada al rubio guitarra, sobrevolando Clisson a lomos del eterno Ángel mortífero.

Después de dejarnos el cuello esperando a ver si llovía sangre o no, enfilamos hacía una de las carpas para proseguir con la ruleta rusa festivalera de rigor. Escogimos esta vez a Enslaved, aunque podrían haber sido Electric Wizard o Sabaton los escogidos, ciertamente cualquiera de las opciones hubiese tenido su miga. Acabamos con la sensación de que nos equivocamos ya que desgraciadamente, los noruegos anduvieron pelín secos en su desarrollo, demasiado centrados sobre su vertiente más progresiva y resultando un poco estáticos después del elevado número de concis en cadeneta que llevábamos.

Su interpretación fue correcta en cualquier caso, presentando cortes de todos sus últimos trabajos y hasta uno del Monumension recordando su mejor esencia vikinga. Dieron un bolo que habría ganado muchos enteros si no hubiésemos llevado demasiadas horas de un lado a otro danzando, ya que a esas horas el cuerpo ya nos iba pidiendo adrenalina como para ir manteniéndonos en guardia.

Recién acabados los Enslaved iríamos a buscar nuestro chute correspondiente de mano de unos paisanos suyos, una de las bandas del momento que estaban a punto de coronar el día en medio del sexto escenario. Los Kvertelak se permitieron hacer esperar unos minutos a sus acólitos reunidos en torno al Warzone. Una estupenda asistencia deseosa de constatar el poderoso directo que tantos piropos les ha granjeado últimamente.

Con sus dos discos tan solo, los de Stavanger se bastaron para ejercer de cabezas de cartel del underground allí reunido, con sus ritmos cambiantes y mestizos, sus tres guitarras fustigadoras y su frontman de pose cavernícola, salieron como absolutos vencedores de la exigente revalida que se les había propuesto. Incluso contaron en uno de los cortes con Nergal a modo de estrella invitada, otro de los personajes más de moda que pululan hoy en día por el rockerio internacional.

godfleshTras haber zanjado todo lo que el día nos tenía que contar, nos dimos un garbeo por el escenario principal para ver como los Death Angel arreciaban ante unos pocos paisanos. Sonaban a cañonazo pero al estar interpretando un par de cortes de sus últimos trabajos, nos dio pereza mantenernos en guardia frente a ellos. Tomamos retirada una vez más, en lo que percibimos justo antes de salir del recinto, como desde el Valley salía un ruido de mil demonios. No eran otros que los Godflesh, que andaban saldando el bolo que habían dejado colgado hacía unas horas.

Justin y su colega bajista interpretaron un sencillo repertorio, del que solo pudimos atestiguar los tres últimos cortes. Con un volumen espeluznante, en medio de una carpa medio vacía en la que bailaban/ bailábamos un cuantos pasados de rosca, Godflesh representaron a la perfección el espíritu inconformista de los festivales de los noventa. Zanjaron la primera tanda de bandas por sorpresa y nos dejaron un agradable regusto con el que culminar nuestro primer día en Clisson.

Texto: Unai Endemaño

Fotos: Jaime García (https://www.facebook.com/PhotoLiveJaime)

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