Crítica de Las dos caras de enero

Las dos caras de enero

Más conocido por ser el guionista de uno de los grandes bombazos de 2011 con Drive de Nicolas Winding Refn, donde adaptó la novela de James Sallis con gran trazo formando una perfecta alianza con el cineasta danés, Hossein Amini ha desarrollado una desigual carrera como guionista, llegando a adaptar otras obras como el Killshot de Elmore Leonard (que dirigiría John Madden) o Las cuatro plumas, novela de A.E.W. Mason. No obstante, si buscamos algún tipo de parentesco entre sus trabajos en la escritura y su debut, esta Las dos caras de enero que adapta a Patricia Highsmith —y dejando de lado, está claro, las relaciones con la literatura de la novelista estadounidense—, lo encontramos curiosamente en uno de los pocos libretos que no ha adaptado, esa más bien torpe Shanghai que dirigiera en 2010 el sueco Mikael Håfström y que precisamente nos remite al toque clásico con el que Amini afronta esta primera aventura tras las cámaras.

Las dos caras de enero (Viggo Mortensen & Kirsten Dunst)

Para esa empresa de la que no pocos salen victoriosos, arrancar con una ópera prima que pueda acaparar el interés de propios y extraños, el iraní nos traslada a tierras griegas donde sigue a una pareja —él, rico y bien entrado en los 50, ella, mucho más joven— que se encontrará con un estafador de poca monta llamado Rydal precisamente el último día de su estancia en el país helénico. La ambientación es el aliado perfecto de Amini durante los primeros compases, y es que el cineasta sabe aprovechar con elegancia los espacios en los que se mueve hasta que el tramo más psicológico del film entra en juego. Es entonces cuando otra de las verdaderas virtudes de Las dos caras de enero, las interpretaciones, empiezan a destaparse gracias a la gran aportación de un Viggo Mortensen cuyo talento ya conocíamos sobradamente pero, sobre todo, a la milimétrica y mastodóntica actuación de un Oscar Isaac que parece crecer a medida que las acometidas de su recién conocido compañero de viaje van en aumento.

Las dos caras de enero (Oscar Isaac)

Es entonces cuando se inicia el tramo más interesante de un film que no obstante no renuncia a sus formas en ningún momento, y es que el hecho de poner a sus dos protagonistas ante ese juego psicológico que se dará cita a medida que vayan entablando contacto, no es óbice para que Amini retroceda ni un paso en lo propuesto anteriormente. Además, el tono que sostiene con pulso el cineasta beneficia la creación de una atmósfera cercana al cine de intriga más clásico, algo que casa a la perfección con la estructura de un relato que sabe apoyarse en su faceta más visual cuando es menester sin tener por ello que olvidar una coyuntura muy bien descrita que sabe como mantener al espectador pegado a la butaca con suficiencia.

Puede que llegados a cierto punto uno tenga la sensación de que a Las dos caras de enero le falta algo más lejos de esa buena dirección que no hace sino lograr que nos interesemos por lo que puede llegar a ofrecer Amini tras las cámaras, pero de todas las rutas recorridas, e incluso cuando parece que el film se mueve en terreno infructuoso, el iraní sabe escoger la mejor y culminar uno de esos trabajos que probablemente no vayan a pasar a la historia, pero son una perfecta carta de presentación capaz de aunar ritmo, poderío e incluso el hecho de lograr que dos actores como Viggo Mortensen y Oscar Isaac rayen al más alto nivel, cosa que no muchos pueden decir.

Las dos caras de enero (Viggo Mortensen)

acera de Grandine

Rubén Collazos ha escrito 87 posts.


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