El gran Hotel Budapest

El gran Hotel Budapest

Vale, lo admito, iba a ser muy poco objetivo a la hora de hablar de la nueva película de Wes Anderson. Vale, sí, lo admito. Y por eso mismo, para que no os aburra con frases llenas de palabras bonitas y peloteras, de esas que salen sin pensar llevadas por el gusto que da escribir sobre algo que adoras, voy a centrarme en los temas que más fascinan de este Gran Hotel Budapest, y prometo no ponerme muy enamoradizo.

Bueno… lo casi prometo.

Tras 18 años de carrera tras la cámara, que se dice pronto, este tejano amante del cine y creador de una estética muy, pero que muy muy muy, peculiar, ha parido lo que creo es la mejor película de su carrera. Y dejadme que me explique. En mi humilde opinión, el bueno de Anderson ha conseguido juntar en una sola película todo lo bueno que puede dar de sí: la locura de los Tenenbaums, el sentimiento de Moonrise Kingdom y la excentricidad de Life Aquatic, además de esos personajes tan bien escritos y a la vez extraños que nos topamos en el resto de su filmografía, logrando que en ningún momento nos aburramos o prefiramos ver otra escena que no sea la que estamos viendo.

No hay nada, y eso es jugársela mucho, que quitaría, nada, ninguna escena o frase, ningún decorado (algunos hechos con un cartón y un papel que te chifla solo porque se nota que están hechos así) y, ante todo, ningún personaje llega a aburrirte o te lleva a pensar que no debería haberlo puesto ahí porque, como un puzzle enorme que al cabo de muchos años consigues armas, todo está en su lugar exacto en el momento preciso, y en ningún momentos piensas que lo podría haber hecho mejor otro actor.

Y si algo hay en esta película son actores para elegir. La lista es tan larga como genial es el cartel, y creo que ocuparía demasiado espacio nombrándolos del que os gustaría leer, así que casi prefiero que hagáis una pausa y vayáis a buscar la ficha técnica por google, así será más sencillo.

El gran hotel budapest

Tranquilos, os espero.

¿Ya?

Pues sigamos.

Creedme si os digo que ninguno está de más, y que todos hacen un trabajo perfecto, ya sea poniendo una simple cara de nada (bastante complicado, sino que se lo pregunten a los últimos ganadores de los Razzie) o soltando una frase marca de la casa Wes Anderson, de esas que te rompen el culo de la risa o que te lleva a preguntarte en que mente enferma esa sería la mejor respuesta o pregunta o acción que llevar a cabo en ese momento. Es cierto que algunos solo aparecen por la amistad que, durante años, les ha unido al director, y que supongo que por eso tiene papeles tan pequeños (y decir pequeño es pasarme), pero eso no les quita las ganas de hacer de su papel algo que no se olvida en todo el tiempo que dura la película, ya sea estando quieto fumando un cigarro o contestando al teléfono. Pocas veces puedes decir, sin miedo a equivocarte, que todos los integrantes del casting han puesto todo su talento en una cinta; y esta es una de ellas.

Gran hotel budapest: Adrien Brody , Willem Dafoe, Ralph Fiennes

Después están los decorados que, incluso usando el truco que tanto le gusta al director de dejar la cámara fija y que los actores pasen por delante de ella como si estuviesen en una obra de teatro, no dejan de maravillar al espectador por diferentes motivos: están llenos de detalles, son inmensos y con personalidad propia, o están construidos, como he comentado antes, a base de papel y cartón, con maquetas que le dan al espíritu de la película, ambientada en los años 20, una personalidad mucho más acorde con la época en la que ocurre todo, detalle que consigue que el espectador entre más en la historia.

Para ir acabando, porque noto que me estoy embalando y creedme si os digo que no es nada bueno, solamente diré que la historia, laberíntica en algunos momentos, es de las más originales que ha firmado el autor, llevándonos de aquí para allá siguiendo al protagonista en una aventura que, en algunos momentos, sospechas que no va a superar y, bueno, es Wes Anderson… así que todo puede pasar.

Me despido, no sin antes añadir que es un gustazo ir al cine y no toparte, como es la norma en este tipo de películas, con toda una legión de hipsters orgullosos de sus gafas sin cristal y sus polos heredados de sus abuelos, llenándose la boca de lo “guay” que es la película sin haberla entendido, solamente porque el director es independiente y usa una estética antigua. La sala estaba llena de gente de todo tipo, desde el heavy con camiseta de Iron Maiden (comprada en concierto y no en Zara), pasando por locos del cine de aspecto extraño (pero fuera de moda alguna) o con libreta y, sobretodo, gente normal y corriente, de esa que vio en su día una película del fenómeno Anderson y quedaron prendados de su forma de crear arte.

¿Veis? Al final me he puesto cursi…

 

 

 

acera de Manu669

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Pues eso, y ya está.
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