Crítica de El lobo de Wall Street

Martin Scorsese vuelve y lo hace precedido de unas increíblemente positivas críticas. Es uno de los directores de cine más en forma, y no sólo de la actualidad, ya que su carrera ha tenido muy pocos pasos en falso, si acaso algún mínimo altibajo, y a nivel de hype ahora mismo sólo Quentin Tarantino podría equiparársele, por lo que cada nueva película entra directamente a pasar a todas las listas de estrenos más esperados del año.

El lobo de Wall Street narra la historia de Jordan Belfort, bróker de bolsa que se hizo rico a base de convencer a otros ricos de que debían invertir su dinero donde él les dijese, llevándose con ello su correspondiente comisión. El film, que cuenta con el guionista Terence Winter, creador de la serie Boardwalk Empire, tiene una estructura muy similar a otras películas de Scorsese –véase Casino (1995)-, y está llena de ritmo, por lo que el resultado encantará a todos sus fans.

Leonardo DiCaprio es el lobo de Wall Street

Leonardo DiCaprio es el lobo de Wall Street

Y es que hay que ser sinceros. El lobo de Wall Street tiene todo lo necesario para molar: un Leonardo DiCaprio en estado de gracia, unos actores secundarios ridículamente perfectos (y pensar que ahora la gente quiere que vuelvan los 90), voz en off (o ruptura de la cuarta pared, según el momento), una buena banda sonora llena de conocidas canciones, mujeres (también hombres) desnudas, y una historia basada en hechos reales. Resumiendo, no defrauda en ningún momento y es muy divertida.

Ahora sólo me queda por dilucidar qué fucking me ha querido contar Martin. Toda la simpatía que nos generan los protagonistas del filme está acompañada por un poco de antipatía que podemos sentir por su forma de ganarse la vida, más que nada porque uno piensa en el mundo actual y se imagina lo que harán algunos en las altas esferas, aún sin tener Ludes. Sin embargo, al final la crítica no es tanto sobre el protagonista, ya que da la impresión de que guionista y director conocieron al verdadero Jordan Belfort y les pareció un hombre entrañable (el cual dice ahora poder vivir en un pequeño apartamento y afirma que el dinero no lo es todo. Estaba en plena adolescencia y se ve que ya la ha superado), sino hacia nosotros mismos, que viendo sus andanzas pensamos en lo divertidas que son.

En definitiva, El lobo de Wall Street es una película desatada, tanto como lo están los actores (hay tramos de la cinta verdaderamente memorables). El único problema es que se desinfla en su tramo final. Siguiendo un símil con la propia película, ésta funciona mucho mejor mientras su protagonista está en plena ascensión y baja de nivel cuando el personaje interpretado por DiCaprio comienza a caer. Por último, aunque no diría que es algo negativo, he echado un poco de menos que no se hable más de cómo funciona ese mundo de acciones, comisiones y demás que se nos muestra, cómo funciona Wall Street.

acera de Alberto Mulas

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