Crítica a Grand Piano

Grand Piano

Hoy toca recuperar la cinta inaugural del Festival de Sitges. Hablamos de esa pequeña sorpresa llamada Grand Piano que ha dejado a todo el mundo con buen sabor de boca, con Elijah Wood como protagonista absoluto.

La nueva película del cineasta alicantino Eugenio Mira funciona como un ejercicio visual llevado a su máxima expresión. Tras un inicio donde se nos presenta a un protagonista de manera simple pero eficaz, damos paso a una obra que en su primera parte alcanza cotas maravillosas de buen cine, usando durante buena parte de la obra un único escenario para crear una tensión que llega a ser insoportable.

La cosa es sencilla hasta decir basta. Un pianista que años atrás sufrió un bloqueo que hizo echar por tierra su carrera, debe tocar un piano tras años de exilio voluntario de los escenarios. De primeras el guión juega a ponernos sobre aviso de este hecho, recordando y remarcando que el objetivo del prota es tocar el instrumento sin equivocarse. Esto tan sólo es una mera distracción que crea deliberadamente el guionista (Damien Chazelle, que ya había escrito y dirigido un largo con el telón de fondo de la música) para captar nuestra tención y que nos veamos de primeras por donde van los tiros. Así, durante los primeros 15 minutos asistimos al pánico escénico de nuestro héroe y sus miedos internos. Pero finalmente esto resulta en parte irrelevante; pues empieza el concierto y nos relajamos cuando descubrimos que parece volver a ser el artista talentoso que fue.

Pero ya comentaba que este inicio simplemente era una manera de presentar al personaje. Porque la cosa se complica cuando el personaje principal descubre que su mujer está siendo apuntada por un francotirador justo cuando comienza a tocar y deja atrás aparentemente sus miedos, y que ésta morirá si se equivoca en una sola tecla. 

Grand Piano

La tensión va en aumento, mientras de formas más o menos ingeniosas el pianista intenta poner sobre aviso a su mujer. Algunos de los mejores momentos se encuentran aquí. Y es que la formula de la película no consigue sostenerse mucho tiempo con un único escenario y un personaje luchando contra un hombre invisible sin moverse de una silla, por lo que el concepto se abandona después de un tiempo. Pero da igual, la segunda parte, algo más irregular, no termina nunca de ser mala, aunque el climax de la cinta es harto convencional (no así su resolución) y su primera mitad es maravillosa. Pero esto se debe al portento de su director a la hora de filmar la cinta en un estilo que  muchos les ha recordado al mejor Brian De Palma. Y es que la cámara captura al piano, el detonante de todo lo que acontece, desde todas las posiciones posibles, en un montaje ágil e inteligente, como resulta la escena de la segunda muerte. 

Por todo esto es una lástima que cuando el filme llega a determinado punto y se abandona el juego autoimpuesto (un tío tocando el piano delante de todo el mundo intenta salvar a su mujer sin moverse “demasiado” de la silla”) por el guión, parezca que estamos en otra película, algo más convencional como ya apuntaba y donde la sorpresa desaparece. Pero tampoco decae lo suficiente para perder el interés y la cámara sigue haciendo de las suyas, como esa pantalla partida que remite al mencionado De Palma.

Brillante ejercicio visual, un guión con grandes aciertos y buen Elijah Wood hacen de Grand Piano una propuesta estimulante, que busca entretener al personal y lo consigue sobradamente. Las piezas del puzzle que es el guión encajan poco a poco y hay algún detallito narrativo digno de mención. No obstante es una lástima que nunca se consigue recuperar las magnificas sensaciones de su primera mitad. 

A la salida del filme se comentaba con entusiasmo que hacía años que una película inaugural en Sitges no dejaba tan buen sabor de boca. Tal vez desde REC. Independiente de si dicha afirmación es cierta o exagerada, Grand Piano es una obra que merece la pena, aunque sólo por su virtuosismo técnico, tanto de cámara como el sonido y la música, tratados con mucho mimo y detalle.

En fin, nosotros encantados. Y todo parece indicar que no será la única incursión en el cine patrio de género por parte del actor Elijah Wood, habida cuenta que más pronto que tarde Nacho Vigalondo acabará un día de estos de montar Open Windows, donde interpreta el papel protagonista. 

Grand Piano

 

acera de sarajesko

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Un comentario

  1. Excelente crítica, tocas todos los aspectos de la película con suma corrección. Habrá que ir a verla.

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