Crítica de Una familia de Tokio

una familia de tokio

Parece que se ha puesto de moda en Japón eso de hacer remakes, y no sólo de películas antiguas de su filmografía –Hara-kiri: Muerte de un samurái, remake de Harakiri, de Masaki Kobayashi-, sino también de películas norteamericanas más o menos recientes –Unforgiven, remake de Sin Perdón, por ejemplo-. Ahora, previo paso por la Seminci de Valladolid, llega a nuestro país Una familia de Tokio, revisión moderna de la gran –y atemporal- Cuentos de Tokio, de Yasujiro Ozu.

Yôji Yamada (El ocaso del samurai), debía saber del reto al que se enfrentaba al hacer esta película, al igual que lo sabría Takashi Miike al realizar Hara-Kiri: Muerte de un samurái -quien resultó bien parado en cuanto a críticas, finalmente-. En ambos casos nos encontramos ante dos películas (las originales) consideradas obras maestras, no ya dentro de la cinematografía japonesa, sino a nivel mundial, por lo que va a ser un reto, también, para el que suscribe, realizar esta crítica intentando mantenerme al margen de comparaciones.

Una familia de Tokio trata sobre una pareja de ancianos que viaja a Tokio para visitar durante una semana a sus hijos, ni más ni menos. Como suele ser habitual en este tipo de cine, el ritmo de la película es tranquilo y la puesta en escena elegante y natural sin excesos. La dirección es sobria y clásica, por lo que no presenta grandes cambios con respecto a la original. Cuenta una historia contada antes, pero emociona de igual forma, por su universalidad,  y las relaciones paterno-filiales están mostradas de manera realista y veraz, sin necesidad de melodramas ni de gritos.

No es una película intimista (ni pesimista), y puede que películas como Dejad paso al mañana nos resulten más cercanas, pero hay cosas que son universales, y la familia es una de ellas, por lo que es una película recomendada para cualquiera, sin duda; no juzga a ningún miembro de ella ni tampoco lo justifica (más de lo que se podrían justificar ellos mismos), pero deja poso, porque ya se sabe que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno  que la viga en el tuyo propio.

Por otra parte, el único cambio real en el argumento con respecto a la original es su gran acierto. La aparición del hijo menor de la pareja de ancianos, cuya vida es más desastrosa que la de sus hermanos, permite que la película ahonde en los problemas actuales de Japón. Mientras en Cuentos de tokio Japón se enfrentaba a la pérdida de identidad y a la occidentalización por parte de los Estados Unidos y sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, en Una familia de Tokio los japoneses llevan años viviendo una crisis económica de prosperidad sin crecimiento, o crecimiento cero, a la que se suma la crisis mundial actual, y la consecuente actitud vital de algunos jóvenes adultos, por no mencionar la catástrofe ocurrida en Fukushima.

Finalmente, lo que queda es un bonito homenaje a Cuentos de Tokio y a esos padres imperfectos que, como Barkley y Lucy Cooper (Dejad paso al mañana), Shukishi y Tomi Hirayama (Cuentos de Tokio), Kyohei y Toshiko Yokoyama (Still Walking) o Shukichi y Tomiko Hirayama (Una familia de Tokio), no hacen más que ver cuál es el legado que dejan; las victorias, los fracasos, las decepciones y las alegrías que se obtienen al criar a unos hijos y verlos madurar e independizarse con el pasar de los años. Si quieren saber cuáles son las consecuencias, vayan a ver esta película, que se estrena el 22 de noviembre.

P.D. He echado en falta más planos de gente tendiendo la ropa (By Ozu).

 

Texto por Alberto Mulas

acera de Alberto Mulas

ha escrito 28 posts.


Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Blue Captcha Image
Refrescar

*