D’A 2013, o una alternativa necesaria

Festival DA

Llega una nueva edición del D’A (25 abril-2 de mayo) y, más allá de citar su excelente parrilla y/o glosar los films más esperados de la presente edición (desde aquí andamos locos por ver Frances Ha) quizás habría que analizar la propia esencia del festival, de como ha crecido y consolidado y que es exactamente lo que significa tal suceso.

Barcelona, como ciudad, no tenía un festival entendido como EL festival. No es Cannes, Venecia, Berlín o San Sebastián. Es una ciudad de acontecimientos, retrospectivas y festivales puntuales. No obstante, y teniendo en cuenta que el único festival propiamente dicho de referencia sea el de Sitges (y por tanto bastante enfocado hacía un cine de género más específico) se echaba de menos un marco reivindicativo del espíritu cinéfilo de la ciudad. Y no, no es una cuestión de entrar en la retórica del cliché gafapasta, se trata de dar un espacio, una voz, una oportunidad a producciones que serían de difícil acceso en nuestro país.

Tomemos un par de ejemplos de la edición anterior, tanto Un Amour de Jeunesse (Mia Hansen-Love) como l’Apollonide, souvenirs de la maison close (Bertrand Bonello) ya habían tenido su carrera comercial en Francia (de hecho ya estaban en DVD) y el D’A fue su plataforma de lanzamiento en España. Su merecido éxito en su paso por el festival ayudó, ni que fuera de forma modesta, a su estreno en salas comerciales. Algo así muestra de la necesidad del D’A en paises como el nuestro donde más allá del blockbuster americano, la producción de los intocables nacionales, y las películas con premios internacionales no se halla más que un páramo desolador de propuestas interesantes.

Frances Ha

Se nos habla de la muerte de la sala como eje referencial del consumidor cinéfilo, de la verdad absoluta de la descarga (de pago o no) y de las ventajas de la multiplataforma tecnológica. Entonces ¿Porque triunfa y se consolida el D’A? Porque, sencillamente, los profetas de la muerte no son tales sino los aspirantes a verdugo. El tiempo y la verdad son tozudos. Año a año de demuestra que no solo hay público ávido de propuestas sino que el propio cine, lejos de autofagocitarse en un agujero negro de despropósitos comerciales se renueva, se reinventa y se reivindica como la, aún, forma de contemplación y participación artística más disfrutable, apasionante y renovable de nuestros tiempos.

Sí vuelve, el D’A y es una gran noticia. Vuelve el D’A con propuestas como The Imposter que seguro convocará la curiosidad del espectador aunque ya circule desde hace tiempo por los mundo virtuales de la red. Vuelve el D’A y nos alegra constatar su buen estado de salud, su ejemplarizante vocación de seguir al pie del cañón. Vuelve el D’A y volvemos nosotros con ilusiones y fuerzas renovadas a disfrutar lo que los gurus de los mercados nos pretenden negar. En el fondo El D’A es un gran acontecimiento para el cinéfilo, para la ciudad y para la inteligencia general, pero sobre todo, el D’A, casi casi debería ser interpretado (y más en los tiempos que corren) como un acto de resistencia política. Nos negamos a desaparecer, a ser mal vistos o ser objeto de broma hypster. El autor existe y nos gusta que así sea. D’A o como hacer un escrache durante 10 días al mononeuronalismo esclavo del smartphone.

El impostor

acera de Alex P. Lascort

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