True Blood: un bache en la carrera de Alan Ball

Los pseudovampiros están de moda. Brillan, son jóvenes, guapos y venden montones de libros. O pseudolibros. El caso es que después del éxito de ventas de Stephenie Meyer un montón de pseudoescritores como ella, han intentando saltar a la fama escribiendo lo mismo una y otra vez. El libro que nos ocupa es la saga The Southern Vampire Mysteries, de Charlaine Harris. No he tenido ocasión de leer los libros, y por lo tanto no puedo juzgarlo correctamente. Pero por alguna razón, esta saga llamó la atención del maestro Alan Ball, el creador de Six Feet Under.

La idea no está nada mal: True Blood nos explica la historia de un pueblo de Luisiana, y como sus habitantes deben adaptarse a un mundo donde los vampiros han salido a la luz pública, viven con nosotros y beben unas refrescos de sangre fresca.

Su protagonista es Sookie Stakhouse, una camarera con poderes telepáticos. Y es aquí donde empiezan los problemas: en Sookie. Sookie enamora y se enamora de Bill Compton, un vampiro que al largo de las temporadas va adquiriendo un deje cada vez más patético. Por suerte hay otros vampiros, como los del Fangtasia: Eric Northman y Pam, que se parecen más a los que hace ya muchos años creó Anne Rice. Son fríos, calculadores, y asesinos. Pero también hay otros personajes muy interesantes y  personalmente desaprovechados, como Jessica, la chiquilla de Bill, o Lafayette.

En las dos primeras temporadas, que seguramente son, no solo las mejores sino las únicas que se aguantan sobre unas buenas bases de guión, asistimos a las historias de unos personajes cada vez más interesantes, pero también empezamos a entrever que todos, absolutamente todos están interesados en Sookie, esa camarera chillona. Incluso Eric se interesa, demasiado para mi gusto, en ella. Y así, en una espiral de caos, de preguntas sin responder y de vampiros que cada vez son más humanos y patéticos, empieza la tercera temporada. La peor de todas, un bache en la carrera de Alan Ball. Un sinfín de capítulos sin sentido, donde ser humano es ser diferente, y donde se da la peor respuesta que se podría dar al porque del obsesivo interés de todos los vampiros en Sookie.

Y llega el final de la tercera temporada y solo puedes preguntarte: ¿Alan, qué te ha pasado?

acera de Yukino

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Un comentario

  1. Pues su debut cinematográfico ni te cuento. Menuda castaña xD

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